lunes, 18 de noviembre de 2013

Escándalo

Un anden, señoras,señores, señoritas y un servidor escuchando música con los auriculares.

Morros de menos de 19 años no mas de 12 de ellos llegan inundando el monótono ambiente con carcajadas y comentarios groseros pero jocosos, faltas de respeto consensuadas, empujones y esa felicidad clásica de la juventud, quienes inmediatamente son juzgados por la mirada de todos esos adultos que disfrutan de la típica paz en el regreso a casa, de la musiquita que ponen en los vagones de la linea 12 del metro, todos desaprueban su comportamiento y la invasión a su espacio con cara de "pinches mocosos ya cállense" todos menos los dormidos y él, ese hombre que no hace mucho dejo de adolecer la niñez y esta en el umbral de la edad madura, quien escribe, él recuerda esos años en su vida muy parecidos a lo que esta viendo, así mismo sabe que algunos pocos en el vagón también lo recuerdan, esos que tratan de no reírse de los chistes colorados y sexosos de los jóvenes, limitándose a asfixiar la sonrisa involuntaria volteando la cara a otra parte.

 Nadie les llama la atención ni les reprende, no solo porque seria inútil si no porque quienes "desaprueban" ese comportamiento muy en el fondo extrañan esa felicidad, felicidad que ya no emana de su interior, que se agotó no por falta de ganas si no por que esa vida de adultos los atrapo y ahora solo ríen en reuniones familiares o cuando escuchan un sarcasmo a la hora de la comida.

 El metro avanza y todos tratan de disfrazar con indignación su placer ante ese ambiente, ante ese ruido que dejaron de escuchar ya hace tiempo.

 Ha llegado el final del recorrido de los muchachos y bajan entre empujones, risas y mentadas de madre; de nuevo el silencio se apodera del vagón mientras el sonido de las pisadas se hacen fuertes, pisadas de adultos sobre sus sueños rotos que fueron acumulándose en el piso como hojas secas en otoño, hojas que fueron traídas ante ellos por el viento, por aquel escándalo.