miércoles, 13 de julio de 2011

El primer post del poke-fan

Esto sucedió en hoenn hace muchos años.

Alexander tenía 14 años, era el menor de 4 hermanos y vivía en una casa situada a la mitad lo que ahora se conoce como la ruta 102 de la región de hoenn; su padre se llamaba Bruno, el era un herrero que se especializaba en fabricar pokébolas muy eficaces y resistentes las cuales actuaban casi como la actual ultrabola. Alex y sus hermanos ayudaban a su padre a fabricar estas pokébolas raras y cada sábado Clara, su madre y Fredi su hermano mayor, viajaban hasta el pueblo cercano (actual ciudad Petalburg) a venderlas en la plaza a los viajeros y entrenadores que arribaban de la costa oeste o que volvían del bosque. Eran muy conocidos y a la gente le gustaba usar estas pokébolas ya que rara vez fallaban y los pokémon al ser entrenados se veían más vigorosos, más fuertes,   y sobre todo mucho más felices.  



Cierta noche la señora Clara y Fredi regresaban del pueblo después de un buen día de ventas y un extraño pokémon con forma humana los atacó, a pesar de que les acompañaban los pokémon de su padre su atacante era tan poderoso que rápidamente dejo a todos fuera de combate; uno de ellos era un vigoroth, el cual dio su vida por proteger a sus amos del ataque psíquico del agresor. No conforme con arrebatarle la vida, el pokémon salvaje arremetió contra el hermano de Alex pero su madre por protegerle recibió todo el daño y falleció casi al instante.


A partir de ese día su padre empezó a tenerle un odio incontrolable a los pokémon, los despreciaba y los maltrataba cruelmente; desde ese día las pokébolas empezaron a cambiar; seguían sin fallar, pero los pokémon ya no se veían felices, ni eran ágiles, ni fuertes, era como si dentro de la pokébolas fuera una prisión donde parecían ser golpeados o hasta torturados.

En todas las rutas de la región solían encontrarse pokémon salvajes vagando o escondidos entre la hierba alta pero en particular en el camino entre la casa de Alex y el pueblo se rumoraba que podían encontrarse ralts e incluso kirlias silvestres, estos pokémon eran extremadamente raros de encontrar y al parecer esa zona era la única en todo hoenn donde podían encontrarse, más no era frecuente. 


Ese día muy temprano Alex, había salido por leña para preparar el desayuno y de regreso a su casa  vio que uno de esos kirlia estaba entre los arboles y en muy mal estado así que decidió acercarse. Alex no compartía el sentimiento de su padre, el tenía el sueño de viajar por hoenn y atrapar a todos esos raros pokémon que veía cada vez que un barco de lujo arribaba a la costa.

-¿Te encuentras bien?... que tonto soy, es un pokémon no va a contestarme.

Kirlia estaba de rodillas cuando escucho a Alex se asusto y se puso en posición defensiva pero el movimiento brusco hizo que una de sus heridas en el costado se abriera y se estremeció.

-No voy a hacerte daño tranquilo, o tranquila... en verdad nunca he podido diferenciar un pokémon macho de uno hembra y menos un kirlia todos parecen chicas... déjame ayudarte.

Alex extendió su mano a kirlia, ella lo miro a los ojos y de repente se escucho un ruido de tras de Alex, el volteo la mirada y al instante kirlia desapareció; el ruido había sido provocado por el hermano de Alex: Franco.

Franco era el segundo de los hijos, el que era más cercano a Alex, el tampoco odiaba a los pokémon pero si le tenía un gran resentimiento al salvaje que mató a su madre a pesar de no saber que había sido, no sentía odio sobre todo porque los pokemon de su padre dieron hasta su último esfuerzo por proteger a su hermano y a su madre, por eso se sentía agradecido con ellos.

-¿Qué haces Alex?- Alex volvió la mirada y descubrió que kirlia había desaparecido.
-Heee... nada, creí ver una flor purpura como las que le daba mamá a Florencia.
-Ándale, apúrate con esa leña o papá se va a poner fiera.

Su familia además de las pokébolas vendían dulces perfumes que la señora Clara fabricaba a partir de la saliva del gloom que le pertenecía quien tenia por nombre Florencia. La señora Clara le daba de comer ciertas flores purpuras para controlar su aroma tan fuerte. Lo había tenido desde que era un oddish al igual que Minino quien era un skitty el cual había sido atrapado por su padre y se lo regaló cuando se conocieron.


Se hizo de noche pero Alex no dormía, le gustaba desvelarse viendo las estrellas y hablando con los pokémon de sus padres o persiguiendo pequeños poochyena que merodeaban a fuera de su casa, aunque eso muchas veces le traía problemas, pues algunas veces la jauría salían a perseguirlo y se armaba un escándalo horrible y por tanto lo castigaban por varios días. Le gustaba hablar con los pokémon, aunque más que una plática solo monologaba con ellos pues solo podía entender algún gesto común como cuando decía sí o no o cuando estaban felices o tristes por ejemplo.

-Hola Florencia, pffff necesitas comer flores purpuras porque hueles muy... intenso-
Alex le dio unas palmaditas en su cuerpo azul y caminó hacia los arboles buscando algunas flores para calmar el hedor de Florencia; se interno en el bosque y detrás de una roca blanca encontró algunas, cuando rodeó la roca y se agacho para tomarlas se escucho un gruñido, Alex alzo la mirada y se quedó congelado; se trataba del mightyena líder de la jauría, lo reconocía porque tenía una oreja dañada por la última vez que su padre los había ahuyentado después de que una noche tomó la mala decisión de perseguir a un poochyena.


-Heeee... hola mightyena amigo... como sigue tu oreja, este...- Alex se levanto lentamente y retrocedió paso a paso, el mightyena bajo de un salto la piedra y le seguía lentamente.

-Ya se ve mucho mejor y este... creo que estas ocupado y... ¡ay! mira llegaron tus amigos por ti... mejor nos vemos luego tengo que volver a mi casa o se van a enojar...
Con forme Alex retrocedía se daba cuenta de que más y más mightyenas le rodeaban y su temor empezó a incrementarse.

-Vamos muchacho es solo una pequeña herida no paso nada, estábamos jugando poochyena y yo y él se puso de chillón y... bueno no es un chillón pero corrió y mi papá se enojo... y bueno me dio gusto saludarte nos vemos luego está bien... adiós.

Alex salió corriendo hacia adentro del bosque con las flores en la mano y los mightyenas se lanzaron tras él, corrió aun más profundo en el bosque y cuando menos se lo esperó calló dentro de la corteza de lo que alguna vez fue un árbol, formando un hoyo enorme sobre este; no se distinguía del resto del camino pues estaba cubierto por espeso musgo, Alex aprovecho y solo se hizo a un lado para  evitar que los mightyenas le vieran, solo se veía la tenue luz de la luna menguante entrando por el agujero e iluminando parcialmente el interior. 

Alex esperaba que los mightyenas se fueran o dejaran de buscarlo para poder regresar, pero se dio cuenta de que un poco más adentro de la corteza, yacía el kirlia que había visto por la tarde pero ahora ya ni si quiera podía mantener los ojos abiertos y respiraba con dificultad, el kirlia al sentir su presencia se sobresalto y abrió un ojo, le miró con terror pensando que Alex le dañaría, pero Alex se puso a lado de kirlia y dejo que le iluminara la luz de las estrellas.

-Está bien no te haré daño, déjame ayudarte.- Tenía varias heridas de lo que parecían mordidas de mightyena, y al parecer estaba a punto de desmayarse.

En ese entonces el hecho de que un pokémon se desmayase no era como ahora, en ese entonces el desmayo en un pokémon podía ser muy peligroso, ya que la enfermera del pueblo solo podía sanar parcialmente a los pokémon con ayuda de chansey; los envenenamientos o la parálisis eran curadas con remedios caseros a base de plantas y bayas y si un pokémon no era atendido rápidamente después de que se desmayara podía morir fácilmente.


Alex sabía un poco de medicina casera, pues al ser el más joven de los 4 pasaba más tiempo con su madre en la cocina preparando perfumes que ayudando en el taller, las flores purpuras además de minimizar el fuerte hedor de Florencia, también ayudaban a calmar el dolor y cicatrizar heridas por fuerte y profundas que fuesen.

-Con esto dejara de dolerte, al menos de aquí a que te prepare un jugo de barra zidra... parece que solo estas débil, no se ve que estés envenenado o tengas parálisis... ya verás te vas a poner mejor- le susurraba Alex a kirlia mientras machacaba las flores entre sus manos y le aplicaba la savia en las heridas, al momento vio que kirlia dejaba de sentir dolor, se tranquilizaba y se normalizaba su respiración. Alex notó que el extremo contrario en el tronco estaba abierto y que un poonchyena olfateaba cerca de ahí.

-No podemos quedarnos aquí o nos atacarán a los dos.

Tomó a kirlia en sus brazos con mucho cuidado y empezó a deslizarse hacia el hueco en el extremo del tronco; tomó una piedra y la aventó hacia afuera del tronco, la piedra rebotó en una raíz y termino pegándole en el hocico al poonchyena el cual salió corriendo y aullando; Alex entonces se deslizo aun más rápido hacia el hueco que había dejado al cae en el tronco ; justo cuando se encontró debajo, los migthyena se abalanzaron al extremo del tronco y empezaron a destrozar la corteza con sus afiladas garras; Alex se levanto, brincó sobre el tronco y corrió de regreso a su casa con kirlia en brazos, los migthyena le escucharon cuando, al correr, rompía las ramas secas en el camino y se lanzaron tras él con los ojos llenos de furia. 

Una nube empezó a ocultar la luna y Alex no podía distinguir el camino, solo corría siguiendo su propia intuición y con la mirada fija en las luces de los candeleros que parpadeaban fuera de su casa. De pronto sintió como se encajaban los colmillos de migthyena en su tobillo dejando salir su sangre, roja y espesa que pronto le lleno el zapato y al instante cayó hacia adelante con kirlia en los brazos, pero para salvarle de la caída giró su cuerpo en el aire y termino cayendo de espalda sobre el suelo lodoso y empedrado mientras apretaba a kirlia a su pecho para que no se lastimara más de lo que ya estaba, tirados en el suelo migthyena lanzo un arañazo que le desgarro las mangas de su camisa y araño su piel; cuando lanzó su segundo ataque hacia los brazos desnudos de Alex una luz enceguecedora brilló delante de su atacante y medio segundo después un chorro de agua lo lanzo hacia un árbol, migthyena se incorporó y hecho a correr de regreso al bosque, la luna se despejó.

-Gracias chicos la vi cerca- La luz fue provocada por Florencia y el chorro de agua fue provocado por "Peque". Peque era el blastoise de su papá, a pesar de verse fuerte e inquebrantable era muy juguetón, todos decían que era un totodile en el cuerpo de un blastoise, lo tenían para protección y auxilio en caso de que el fuego con el que trabajaban las pokébolas se descontrolara o en caso de que a Magmag simplemente se le ocurriera salir del horno a pasear; Magmag era el slugma, también de su padre, que les ayudaba a trabajar el metal porque podía manejar el fuego a temperaturas muy altas y como debía mantenerse caliente vivía dentro del horno; pero de vez en cuando, en épocas de calor, le gustaba salir a pasear al rededor de su casa y peque tenía que ir detrás de él apagando la senda de fuego que dejaba a su paso.

Estaban a pocos metros de su casa, Florencia había llevado a peque porque sabía que Alex se metería en problemas.
-Ahora necesito más flores purpura... ¿Pero qué?... -Frente a él había un árbol, en una de sus ramas reposaba Minino y en las raíces de este, una gran mata de flores purpuras florecían a la luz de la luna.

-O sea estas flores están bien cerca y la piedra donde encontré las primeras estaban hasta adentro del bosque, pero bueno, si no me hubieran perseguido los migthyena no habría encontrado a kirlia... a ver muchachito ayúdame a levantar- peque lo levanto y ya de pié le dio un zape en la cabeza.
-¡Haaaauuuu!... duele... shhh... perdón ya sé que no debí ir tan adentro del bosque pero si regresaba a la casa con los migthyena persiguiéndome papá me castigaría otra vez... shhhh no hagan ruido... ¡ay! ¡Ay! ¡Ay! mi tobillo.

Alex entro a la casa por el taller, no era una casa muy grande: estaba la puerta de entrada y tras esta se extendía un pequeño corredor que llegaba hasta el taller y separaba las habitaciones de la cocina y el baño; el cuarto de sus padres estaba en la primera puerta, en la segunda puerta el cuarto que compartían los dos primeros hermanos: Fredi y Franco, después el cuarto que compartían esteban y Alex, frente a las habitaciones una gran cocina, el baño y hasta el fondo el taller.

Era noche de sábado, Fredi y Esteban habían ido al pueblo a vender y desde el trágico accidente su padre decidió que no expondría a sus hijos al peligro de regresar por la noche, por esa razón ambos se quedaban en el pueblo toda la noche y así aprovechaban para vender el domingo por las mañanas ya que las ventas habían disminuido mucho; Alex estaba solo en su habitación y por eso podía salir a merodear sin ningún problema.

Alex caminaba cojeando pues la mordida de migthyena había sido profunda, ya en su cuarto Peque dejó a kirlia acostada sobre la cama mientras Florencia fue a la cocina por dos vasijas, agua, una baya zidra, una cuchara y un pistilo para preparar todo, una vez listo todo Peque regreso a su pokébola y Florencia entro a dejarlo en la habitación de Franco.

Su padre odiaba a todos los pokémon por igual, incluso a los propios, era por eso que ahora los hermanos tenían que cuidarlos a todos, sin embargo no había mayor problema, quienes pasaban la mayor parte del tiempo en su pokébola eran Peque, Sandslash y Vigoroth, bueno ahora solo quedaba Peque y Sandslash; Florencia dormía en el día en un matorral fuera de la casa y cuidaba a Alex en sus locuras nocturnas, Magmag vivía en el horno y Minino (como todo buen felino) iba y venía a su antojo. Sandslash era el tercer pokémon que acompañaba a su madre y a Fredi la noche del ataque, Sandslash le ayudaba a su padre a extraer el metal puro del subsuelo y no era muy amistoso, era más bien orgulloso y frío por eso no tenía mote y cuando fue vencido por aquel salvaje se volvió aún más huraño.


Con mucha agilidad Alex preparó jugo de baya y una especie de ungüento con la savia de las flores y la cascara de la baya bien machacada, Florencia le tapó la boca con una sabana y Alex se aplicó el ungüento en el tobillo, la baya era tan ácida que el ungüento lo hizo retorcerse como wurmple y gruesas lagrimas rodaron por sus mejillas, después de vendarse, le untó un poco a kirlia en las heridas y ella lanzo un gemido ahogado, estaba tan débil que no podía ni siquiera gritar, le vendo todas las heridas y le dio a beber un poco de jugo; kirlia necesitaba descansar y Alex termino de tomarse lo que quedaba del jugo, limpió y dejo todo como si no hubiera pasado nada: se quito los zapatos, el ensangrentado lo lavo perfectamente, dejo su pantalón sucio de lodo en una cubeta para lavarlo al día siguiente y escondió su camisa rota bajo su cama.

-Bien y ahora... ¿como me duermo? - El kirlia estaba profundamente dormido y no quería incomodarle y si se dormía en la cama de su hermano podía tener la mala suerte de que su padre entrara a despertarlo y se armaría un escándalo.
-Bueno chica... o chico déjame dormir - y Alex se acostó a lado de kirlia dándole la espalda, se sobijo y pago la luz de la vela que mantenía semi-iluminado el cuarto.
-Buenas noches Florencia, me despiertas, descansa kirlia...

A la mañana siguiente Florencia despertó a Alex, kirlia seguía durmiendo, Alex se levantó y se vistió de prisa, tapó a kirlia con la cobija e hizo que no se notara y parecía una almohada más entre las sabanas, salió de su cuarto y comenzó a lavar su pantalón de la noche anterior y la demás ropa sucia; a él le tocaba esa tarea, Franco preparaba el desayuno y su padre los domingos dormía un poco más pues era el día de descanso, eventualmente los domingos toda la familia iba al pueblo a divertirse; pero desde que su madre no estaba solo iban a recoger a sus hermanos y su padre se quedaba toda la tarde bebiendo con sus conocidos en la taberna local hasta el atardecer que regresaban a casa, o como pasó en más de una ocasión, su padre terminaba tan ebrio que se regresaban casi a media noche, esperando encontrar al salvaje que le había causado tanta desgracia, para atraparle en una pokébola que había fabricado especialmente para él.

Alex echaba miradas de vez en cuando a su cuarto para ver si kirlia despertaba, pero ella estaba muy tranquila.

-¿Qué te pasa tu?... estas como raro...
-¿Quien? ¿Yo? no nada... ¿Porque raro?
-Tu te traes algo... ¿Saliste anoche al bosque verdad?
-¡¿Yo?! ¿Al bosque? Claro que... -Y en ese momento franco le dio un pequeño golpe con el rastrillo de barrer por accidente y Alex tuvo que ahogar un gran alarido de dolor porque le dio justo en la herida.
-¿Qué te paso? ¿Estas bien? ¿Si saliste anoche verdad?
-Nada, si, también... en ese orden.
-Déjame ver... sube el pie.
-No tengo nada hombre... ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! espérame que duele.
-Esta profunda la herida ¿que fue? un migthyena verdad... mmmm... se ve que ya está mejor 
-Si ya estaba mejor hasta que me pegaste.
-Perdón, pero enserio no entiendes... antes solo fue una mordida. Ya vamos a apurarnos y que mi papá no se dé cuenta porque te va peor.

Esa mañana paso como cualquier otra, platicaban de cualquier cosa a la hora del desayuno, hacían sus tareas sin demoras, y como nadie tenía motivos para entrar a una habitación que no fuera la suya Alex vigilaba a kirlia y le daba un poco de jugo de baya zidra de vez en cuando. Todo estaba bien hasta que... 

-Bueno, vamos por sus hermanos- Alex se inquietó pues dejar solo a kirlia podría ser peligroso, si despertaba y se sentía atrapado podría causar destrozos en la casa o si llegara a recaer no habría nadie quien le diera jugo, más no pudo oponerse a la orden de su padre de ir al pueblo así que solo le dijo discretamente a Florencia y a Minino.
-Cuiden de kirlia y si despierta asegúrense de que no se asuste.
Y salieron rumbo al pueblo acompañados de peque y sandslash.

-Necesitamos otro pokémon como vigoroth papá- dijo franco y empezaron a discutir acaloradamente sobre el tema, más Alex no les ponía atención, estaba absorto en sus pensamientos, recordando como encontró a kirlia la noche anterior.

-Espero que esté bien.

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